Sometimes I feel like somebody's watchin' me







6 mar. 2011

Here's to future days

Katie: Don't disappear
Matthew: Darlin', I want you
Katie: Don't leave me here
Matthew: And when the day comes
Katie: I'll meet you here
Both: 'Cause I know that wishes come true finding my way back to you


15 feb. 2011

Time waits for no one

Did you say it? I love you. I don't ever want to live without you. You changed my life. Did you say it? Make a plan. Set a goal. Work toward it, but every now and then, look around; Drink it in 'cause this is it.
It might all be gone tomorrow

9 feb. 2011

Sometimes a fantasy


Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

Continuidad de los parques, Julio Cortázar

29 ene. 2011

From a whisper to a scream

Tristeza. Dolor. Melancolía. Horror. Desesperanza. Angustia. Llorar. Chillar. Asustar. Reprimir. Aguantar. Caer. Desistir. Mentir. Envidiar. Soledad. Devastar. Herir. Miseria. Huir. Destrozar. Ira. Maldad. Perder. Muerte.
Y aún así vivimos. Reímos, disfrutamos, compartimos, nos alegramos y vivimos. Porque la vida es bella, pese a todo lo malo que le puedas ver, siempre habrá 10 cosas buenas que decir en vez de esa mala.


Al mal tiempo buena cara

21 ene. 2011

Happy ever after in your eyes

Heath Ledger (4.04.1979 - 22.01.2008)

Texto escrito por Christopher Nolan en honor a Heath Ledger

"Una noche, en mitad de LaSalle Street en Chicago, intentando poner en orden una toma de "The Dark Knight," un ayudante de producción entra en monopatín en mi línea de visión.

En silencio, maldigo el momento en que Heath patinó por primera vez en nuestro set con el maquillaje completo de su personaje.

Me preocupaba la reacción de los fans de Batman a un Joker en monopatín, pero el resultado real fue una proliferación de patinadores entre los miembros más jóvenes del equipo.

Si preguntases a esos chicos por qué decidieron traerse los monopatines al trabajo, te contestarían honestamente que no lo saben.

Eso es auténtico carisma... tan invisible y natural como la gravedad.

Eso es lo que Heath tenía. Heath hervía de creatividad.

Estaba en cada uno de sus gestos.

Una vez me dijo que le gustaba esperar entre trabajos hasta que estaba hambriento de creatividad. Hasta que lo necesitase otra vez.

Traía esa actitud al set todos los días. No hay muchos actores que puedan hacerte sentir avergonzado de lo a menudo que te quejas por hacer el mejor trabajo del mundo. Heath era uno de ellos.

Una vez él y otro actor estaban rodando una escena complicada. Teníamos dos días para rodarla, y al final del primer día, realmente habían encontrado algo y a Heath le preocupaba que pudiera no tenerlo si parábamos. Quería seguir adelante y acabar la escena. Es duro pedir al equipo que trabaje hasta tarde cuando todos sabemos que hay tiempo de sobra para acabar al día siguiente. Pero todo el mundo parecía entender que Heath tenía algo especial y que teníamos que capturarlo antes de que desapareciera.

Meses después, descubrí que cuando Heath se fue del set aquella noche, fue tranquilamente dándole las gracias a todos los miembros del equipo por quedarse hasta tarde. Tranquilamente.

No intentando destacar, sólo agradecido por la oportunidad de creación que le habían dado.

Esas noches en las calles de Chicago teníamos dobles de acción por todas partes. Esas ocasiones pueden ser aburridas para un actor, pero Heath estaba fascinado, aceptando ansioso nuestra invitación para montar en el coche que llevaba la cámara mientras perseguíamos vehículos por entre el tráfico de la película... no sólo por la emoción, sino por ser parte de ello. de todo.

Se había traído el portátil en el coche, y tuvimos una proyección a toda velocidad de dos de sus trabajos en progreso: cortos que había hecho, excitantes y evocadores. Su exhuberancia me hizo sentirme agotado. Nunca me había sentido tan viejo como viendo a Heath explorar sus talentos.

Esa noche le invité (sabiendo que no iba a salir de él) a venir por el set cualquier noche libre que tuviera para que viera cómo trabajábamos.
Cuando entras en la sala de edición después del rodaje de una película, sientes una responsabilidad hacia un actor que ha confiado en ti, y Heath nos lo dio todo.

Al empezar el montaje, me preguntaría qué tomas íbamos a escoger, qué arreglos íbamos a hacer. Visualizaría la proyección donde tuviéramos que proyectar... sentados tres o cuatro filas detrás de él, observando los movimientos de su cabeza para buscar pistas de qué pensaba de lo que habíamos hecho con todo lo que él nos había dado. Ahora esa proyección nunca será real.

Le veo todos los días en mi sala de montaje. Estudio su cara, su voz. Y lo echo terriblemente de menos.

De vuelta en LaSalle Street, me vuelvo a mi ayudante de dirección y le digo que eche a ese crío en monopatín de mi línea de visión cuando me doy cuenta... es Heath, con su gorro de lana por encima de los ojos, que ha venido en una noche libre a aceptar mi invitación.

No puedo evitar sonreír."


20 ene. 2011

Propongo brindar porque hoy ha salido el sol

Dicen que la única alegría del mundo es volver a empezar siempre, a cada instante.
La dulce tarde va muriendo detrás los cristales, las calles quedan vacías de coches y fatigas, la luz deshecha revolcándose lentamente por los tejados da morosidad al cuerpo y al pensamiento. Quizás este es el momento de comprensión total. Las cosas y las caras tienen un aire irreal porque están muriendo con la tarde. Ver morir la luz nos recuerda que morimos a cada instante. El espejo jamás reflejará el rostro de hace unos minutos, porque en la piel habrá nuevas arrugas, tendremos menos pelo, o más celulitis, seremos más vulnerables (los golpes de la vida no endurecen la piel contrariamente a lo que dice el tópico), la memoria quizás nos regala el olor de aquel abril remoto, acabo de morir, no soy el mismo que hace un instante, ya empiezo a ser otro, no soy el mismo que hace un instante porque ningún instante dura la eternidad de una vida. La muerte es piadosa y se va instalando en nuestras venas desde que nacemos. Mi primo me muestra lo contrario, pero me gusta pensar en la idea que nacemos muchas veces y morimos muchas veces. Quien ha escrito esto ya está muerto. El día también ha muerto musicalmente y por la ventana entra el amarillo espectral de la luna.

Mañana todo pasara por primera vez.

Gaspar Hernàndez, del libro "Mandra"

Puede que cada día no sea bueno...Pero hay algo bueno en cada día.

19 ene. 2011

Never let me go.

El pequeño niño siguió remando entre la infinita oscuridad del universo, ignorando todas las estrellas blancas y azules que brillaban a su lado.
Él solo quería una, la estrella roja de su hermana.
Pasó el tiempo y él llegó a perder no sólo el rumbo de su destino, sino también la cordura. Sabía que su hermana ya debía de estar muerta, pero él no se daba por vencido. Le llevaría esa estrella a como diera lugar, aún si para eso pasaban otros 5 años más.
Remó y remó, hasta que de pronto todas las estrellas desaparecieron y él se vio envuelto en una abrumadora oscuridad. Sin embargo, nunca paró, seguía allí, remando tanto como podía.
Pensó en darse por vencido y regresar, pero cuando recordaba la sonrisa de su pequeña hermana, una fuerza invisible lo impulsaba a seguir más y más allá, a pesar de que tenía miedo y de que ya estaba cansado.
Remó durante otros 5 años más, y al final, la vio.
Era un pequeño destello rojo. Demasiado pequeño, pero eso no le importó al niño. Llegó hasta ella y tocó las ondas color carmín que iluminaban la pequeña roca de color borgoña. Él niño sonrió y acurrucó contra su pecho aquel minúsculo punto de luz roja, la cual lograba iluminar por completo el universo, apagando las demás estrellas, incluso el mismísimo sol.
Él niño alzó la estrella y la apuntó en dirección a la Tierra.
- ¿Puedes verla, hermana? Esta es tu estrella, la he encontrado sólo para ti, ella te guiará por siempre en esta imponente oscuridad...